El actor y director cinematográfico Aitor Merino pasó unos días en Mallorca, donde nos habló de su última producción, Asier eta biok (Asier y yo). Con ella pretende ilustrarnos cómo ha sido y cómo es en la actualidad su relación con un militante de ETA, a la vez que nos acerca y nos hace entender tal situación desde su perspectiva. Merino ha actuado hasta día de hoy en cerca de treinta films y únicamente había dirigido un cortometraje, El pan nuestro (2006).
La mayor diferencia, más allá de la duración entre un corto y un largo, es el paso de la ficción al documental. A nivel de producción, ambos procesos son similares, ya que se trata de hacer cine. Pero el documental tiene sus propios mecanismos; no salimos a grabar con un guión, sino con una cámara muy sencilla y dejando que las cosas ocurrieran. Es el azar el que te va guiando. Eso implica que después de haber grabado, con el material en bruto, debes crear el guión, darle forma.
Era también tu primera aventura en el género del documental.
¿Qué dificultades has encontrado a la hora de llevarlo a cabo y/o montarlo?
Cuando empecé a grabar, no tenía ni idea de lo más básico. Por ejemplo, hace falta llevar encima una autorización para grabar en sitios públicos, o para que puedas poner imágenes de periódicos, o de películas, o utilizar la música que te apetezca. Esa parte de producción es realmente difícil, a veces, desesperante. Gracias al trabajo de equipo, en concreto de Doxa Producciones, pudimos solventar, con mucho esfuerzo (y un gasto económico importante), estos problemas logísticos. La otra gran cuestión del documental es el guión: la historia, parte de un material sobre el que apenas puedes anticiparte.
¿Es el documental en el cine un género inexplorado?
Es un género muy explorado, y cada vez más. En todo caso, es un género poco conocido por el público. El documental no es solo lo que normalmente entendemos como "reportaje". Ese es un género estupendo, pero más ligado a lo periodístico que a lo artístico. Existe un tipo de cine, que preferimos denominar como "no ficción". Es amplio y abierto, y abarca trabajos de todo tipo: desde los más experimentales, hasta películas autobiográficas, o de contenido social y político. Hay películas de "no ficción" maravillosas, la pena es que los circuitos más comerciales apenas se interesan por ellas, y por tanto son menos conocidas.
Asier y yo ha recibido ayudas económicas del Consejo Nacional de Cine de Ecuador y también por parte de México. Más tarde se necesitó una recaudación mediante crowdfounding, pero en ningún caso la subvención provino directamente de España. ¿Qué pasa con la cultura en España? ¿Está muriendo la industria del cine?
Es obvio que el país está atravesando un momento dificilísimo. Cuando se está recortando en sanidad, educación, investigación y un largo etcétera, ¿dónde queda la cultura? Al final de la cola, o ni eso. Total, nunca faltarán chalados que pinten cuadros o escriban libros, dancen, o hagan películas. Y es verdad.
Pero si la educación son los pies, la sanidad las manos, la ciencia el cerebro y la economía los pulmones, la cultura es la sangre, el corazón de este organismo tan complejo que debemos mantener sano. Hay que mimar a la cultura, al cine, tanto como a la agricultura o la pesca. El Estado debería afilar las garras y defenderla como lo hace con otras industrias. Puede no ser económicamente tan rentable, pero hay cosas que valen más que el dinero. Y el valor de la cultura es incalculable. El cine es solo otro exponente claro de lo descuidada que está la cultura.
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| Cartel de la película 'Asier eta biok'. |
Respecto al mensaje que pretendías dar a entender con Asier eta biok, ¿dirías que se ha interpretado con la finalidad que tú querías?
Cada persona es un mundo, no hay una regla que te indique cómo se recibe la película. A algunas les puede interesar, a otras emocionar, y a otras desagradar o incomodar. Lo que nos importa es que el público se haga preguntas. Que recapacite sobre si este conflicto que ha dejado tantísimo sufrimiento es en blanco y negro o si, por el contrario, caben los matices. Desde una postura de absoluto rechazo al empleo de la violencia, no pretendemos justificar al otro, sino conocerlo. Conocer al otro ayuda a posicionarse; puede que incluso más en contra que antes de conocerlo. Conocer es enriquecedor siempre. Y hacerse preguntas también. Lo importante no siempre son las respuestas; la duda genera angustia, pero es una posición humana, humilde, noble. Yo prefiero habitar en la duda a encontrar consuelo o razón en respuestas baratas.
¿Cómo encajaron tus amigos de Madrid lo que se dice en la película? ¿Fueron comprensivos o se encerraron en banda?
No solo fueron comprensivos sino que se prestaron a aparecer en la película. Algunos son actores y actrices conocidos, y debido al tema que trata, era arriesgado. Han sido muy generosos. Entre ellos, ha habido reacciones de todo tipo. En lo que estamos de acuerdo es en que hay que avanzar, y que para ello es necesaria la concordia.
Hace ya 30 años de tu primer papel en una película, a parte de que has actuado en más de veinte películas, ¿qué te inspiró a pasar a dirigir cine?
Empecé de niño, casi por casualidad. Me encanta actuar, subir a un escenario o ponerme delante de una cámara a interpretar un personaje. Pero simpre me ha gustado más hacer fotos que aparecer en ellas. Quería contar mis historias. Hay muchas ideas y guiones que se quedan en el cajón, pero seguré intentándolo.
¿Qué libros y/o autores recomendarías a alguien interesado en cine?
Cualquier buen libro. No sabría decir un autor en particular. Leer teatro también es maravilloso: Shakespeare, Tenneessee Wiliams, Chejov... los clásicos del teatro son los padres del cine. Recomiendo ver cine, disfrutar de las películas o los libros con la mirada de un niño. O ver cuadros. Contemplar los Fusilamientos de Goya es como ver una película; te puedes imaginar tantas cosas... Los clásicos que perduran lo hacen porque hablan de lo universal. Hay que perderles el miedo.
Se acusa muchas veces a los cineastas de ser arrogantes y de que se comportan de manera chulesca, ¿cuál es tu percepción al respecto?
No lo sé, yo no tengo esa impresión. Pero si hay gente que percibe eso será por algo. De todas maneras, no me gusta que se critique desde la chulería a quien opina distinto. Prefiero tratar con respeto incluso al que me desprecia. Si hay compañeros de profesión irrespetuosos, es peor para todos. Me quedo con los que critican utilizando el humor.
¿Te atreverías a recomendar un disco o grupo musical?
Pues sí. El álbum "The Juliete Letters", de Elvis Costello & The Brodsky Quartet. Las letras están en inglés, pero son maravillosas. Es muy cinematográfico. Un cuarteto de cuerda y la voz de Costello, con letras de amor y desamor. Un regalo para los oídos. Y una excelente manera de perderle el miedo a la música clasica.
¿Qué mensaje darías a aquellos estudiantes universitarios interesados en la industria cinematográfica?
Que sigan su vocación. Que no se dejen asustar por lo difícil que es ganarse la vida en el cine. Al fin y al cabo, ganarse la vida es complicado en cualquier sector. Así que ya puestos, que sea haciendo lo que te gusta.
¿Es fácil ser Aitor Merino?
¡No se lo recomendaría ni a mi peor enemigo! [Risas]. Pues no lo sé, es lo que hay. Cuando me veo en el espejo hay veces que me gusto y otras no. Intento quererme, voy aprendiendo con los años, pero me queda mucho. La mejor manera de quererse es aprendiendo a querer a los demás, en especial que aquellos que te quieren. Soy una persona muy afortunada. Tengo una familia maravillosa, amigos estupendos, me gano el pan haciendo lo que me gusta... ¿Qué más puedo pedir?


Bona Feina!!!
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